Ramiro Lóizaga
Cuando me dijeron que tenía neuropatía diabética, lo primero que apareció no fue el miedo. Fue otra cosa: culpa.
No lo dije en voz alta en ese momento, pero fue automático. Empecé a repasar mentalmente todo lo que había pasado antes del diagnóstico. Los meses en los que no sabía que tenía diabetes. Los valores altísimos que aparecieron de golpe. Los síntomas raros que no entendía.
Internet tampoco ayuda demasiado. Si buscás neuropatía diabética, lo primero que aparece es que está relacionada con años de glucosa alta o mal controlada. Y aunque médicamente eso sea cierto, cuando uno está del otro lado de la pantalla se siente casi como una sentencia.
El problema es que la vida real no funciona tan ordenada como los artículos médicos.
En mi caso, por ejemplo, hubo meses enteros en los que estaba tratando de entender qué estaba pasando con mi cuerpo. Valores de glucosa que parecían una montaña rusa, medicaciones nuevas, ajustes de insulina, estudios.
Y en medio de todo eso aparece la neuropatía.
Con el tiempo empecé a entender algo que me hubiera gustado escuchar antes: la culpa no sirve para manejar una enfermedad crónica.
No mejora el dolor. No baja la glucosa. No ayuda a dormir mejor. Lo único que hace es consumir energía mental.
Energía que hoy prefiero usar en cosas más útiles: aprender cómo reacciona mi cuerpo, entender mejor las mediciones, probar estrategias que me ayuden a pasar mejor los días difíciles.
La neuropatía ya está ahí. El pasado no se puede modificar. Pero la forma en que uno convive con lo que está pasando ahora sí se puede trabajar.
Calculá carbohidratos, índice glucémico y carga glucémica de tus comidas del día.
Abrir la calculadoraEste artículo refleja la experiencia personal del autor con diabetes y neuropatía diabética. No constituye consejo médico, diagnóstico ni recomendación de tratamiento de ningún tipo.
Si estás atravesando síntomas de neuropatía, dificultades emocionales relacionadas con tu diagnóstico, o cualquier duda sobre tu salud, consultá con tu médico, endocrinólogo o un profesional de salud mental. Cada situación es diferente y requiere atención individualizada.
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